¿Y después de la elección?

En un mes, López Obrador va a ganar la elección presidencial. Negarlo e invocar indecisos, coyunturas extraordinarias, datos que solo un pequeño grupo de conspiradores conocen u otras cábalas ya cae en fe religiosa.

Más bien, lo que debemos preguntarnos es 1) ¿de qué tamaño será su victoria? y 2) ¿cuál de las corrientes que se encuentran en el “movimiento” tendrá la mayor influencia en la elaboración de políticas públicas?

UNO

¿Será un pequeño temblor o un tsunami de dimensiones colosales? O bien, a mí no me queda claro con qué margen va a ganar. Si es por más de un dígito, estaremos frente al candidato con mayor respaldo popular, quizá desde Madero. Y eso es un gran peligro para el modelo democrático. Un riesgo que, por lo demás, la mayoría de ciudadanos parece asumir sin mucho remordimiento.

Pero si es tsunami, entonces también veremos la peor derrota del PRI en su ya dilatada historia. La probabilidad de que no gane ni una sola gubernatura, que se quede como la cuarta fuerza política en el Congreso y que su candidato reciba el menor número de votos es grande. Muy grande. Estaremos frente a la derrota histórica del PRI, en especial, del ala “neoliberal”. ¿Sobrevivirá el PRI un sexenio más? Tengo mis dudas.

DOS

MORENA, o como ellos le llaman “el movimiento”, es una amalgama de corrientes ideológicas unidas en torno al liderazgo de un hombre. Conviven los camaradas norcoreanos del PT y los hermanos evangélicos del PES, junto con los progres defensores de minorías y de agendas liberales. Además, un grupo “neoliberal” también está colado ahí. ¿A qué corriente se atendrá AMLO? ¿Qué agenda impulsará?

¿Saben los unos que le están dando poder a los otros? Es decir, si el votante no divide sus votos, en el Congreso tendremos un número histórico de evangélicos con el poder de, por ejemplo, volver ilegal el aborto y los matrimonios homosexuales. ¿Están felices los progres con eso? No descarto que en un año (o menos) veamos conflictos tragicómicos en ese “movimiento”. Nadie gana con eso.

Y sí: AMLO lidiará, al menos, dos años más con Trump. ¿Podrá? ¿Qué va a pasar cuando tarde mucho más de lo que hoy piensa en impulsar su agenda? Las peores caídas, las más peligrosas, son las que ocurren desde el piso más alto. Y eso, subir las expectativas hacia niveles irreales, es lo que AMLO ha hecho. Ojalá que el golpe no les duela tanto a su fans. Es más, ojalá que no haya golpe… a todos conviene.

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